A nadie va a sorprender a estas alturas esto que voy a contar. Alguien, en un grupo de Telegram sobre literatucosas, me preguntó si conocía a Mark Fisher pues sabe de mi gusto por las cosas del pensamiento. Tuve que reconocer que no tenía ni idea aunque su nombre me quería venir a sonar tras leer Hiperobjetos, filosofía y ecología después del fin del mundo y Teoría Black Metal. El primero de Timothy Morton y el segundo de varios autores entre los que se incluye el primero. Tendría que buscar, pero juraría que en esos libros se señala a Fisher por algún motivo en más de una ocasión. De hecho tengo en proyecto releer y desmenuzar el libro de Morton pues me ha resultado muy estimulante, el del black metal lamento decir que no encuentro motivos para volver a tocarlo. En cualquier caso, la duda estaba sembrada. No sabía quién era, o mejor dicho fue, Mark Fisher pero me sonaban las campanas y no sabía dónde.
Estoy casi seguro, todo lo convencido que se puede estar, de haberme limitado a responder a la pregunta con un "no sé nada" que es mi respuesta habitual cuando me preguntan por algo que se sale de mi ámbito de conocimiento. No voy a ser tertuliano en la vida, lo sé. Ahí debiera haber quedado la cosa pero ese hiperobjeto (¿ves como lo de Morton es interesante?) al que llamamos "el algoritmo" ya había tomado nota del asunto y empezó a salirme el Mark Fisher de los... hasta en la sopa. Dirigido por esta misma entidad perversa hasta una nueva librería cargada de material revoltoso, un sitio muy interesante y necesario en Sevilla esta librería, El Extranjero, donde encontré esperándome este Lo raro y lo espeluznante. Tras meses de condicionamiento concienzudo e inasequible al desaliento por parte del ente maligno, no me lo pensé mucho y el difunto señor Fisher se vino conmigo a casa.
A grandes rasgos Mark Fisher parece destacar como crítico cultural y del capitalismo, todavía estoy pendiente de leer su obra cumbre, según dicen, Realismo capitalista para poder opinar con criterio sobre su trabajo en global. El presente ensayo es una reflexión sobre dos conceptos, una distinción que dicen los filósofos: lo raro y lo espeluznante. Es importante hacer notar varias cosas en este punto. Cuando Fisher habla de lo raro y lo espeluznante evidentemente lo hace en su lengua natal que es el inglés y los conceptos específicos a los que se refiere son weird y eerie. Tratándose de un ensayo orientado a delimitar conceptos esto es fundamental. La otra cuestión es que a pesar del intento de trazar una distinción, el libro es una colección de reseñas, pequeños ensayos, de crítica cultural con los que trata de ilustrar estos conceptos, no hay un cuerpo filosófico sólido al que llegar ni una teoría que resuma y articule la propuesta.
Es interesante que empieza separando weird y eerie de lo terrorífico que, a priori les pareciera connatural, y relacionándolos a través de lo extraño. Lo raro y lo espeluznante tienen un componente atractivo, captan nuestra atención y la dirigen hacia aquello que denota estos conceptos, nos fascina de algún modo. Relaciona todo con el concepto unheimlich freudiano, "no sentirse en casa". Se relaciona con lo siniestro dentro de lo familiar: lo extrañamente familiar, lo familiar como extraño, la manera en la que el mundo doméstico no coincide consigo mismo.
Lo raro es aquello que no debería estar ahí. Llamamos espeluznante con más facilidad a paisajes desprovistos de lo humano. Lo espeluznante está ligado a la naturaleza de lo que provocó la acción. Aquí lanza una idea que posiblemente sea de lo más interesante del libro y que me parece que entronca con lo que aun me falta por leer de Fisher, y que hace precisamente que quiera seguir leyéndolo, cuando afirma que el capital es, en todos los sentidos, una entidad espeluznante (¿otro hiperobjeto?, Morton, Morton, que te veo). Esto lleva a lo inmaterial y lo inanimado.
No olvidar que todo esto se sustenta en la tensión entre lo exterior y lo interior. Este sí que es un tema interesante. Plantea que: no existe lo interior salvo como asimilación de lo exterior. Lo espeluznante tiene más que ver con las preguntas metafísicas que pueden plantearse ante algo que no debiera estar ahí o que debiendo estar no está. Lo raro es la sensación de que estamos ante algo nuevo, lo espeluznante deviene la interpretación, nos da acceso a reglas que rigen la realidad pero suelen estar ocultas y puede abrir puertas a realidades más allá de la experiencia humana.
LO RARO
Empieza hablando de Lovecraft donde lo raro produce fascinación. Respecto a HG Wells subraya lo raro como puerta o umbral a lo desconocido. Analizando a The Fall y lo grotesco se queda en una descripción casi estética señalando a lo grotesco como unos marmolillos encontrados en una gruta (lo grotesco vine de gruta). Aquí creo que una análisis de lo grotesco (en especial mirándolo sin perder vista El animal divino de Gustavo Bueno) pudiera ser bastante provechoso. A partir de aquí continúa con varios análisis sobre como se presenta lo raro en diversos productos culturales que parecen responder a la lógica del yo más que tú (esta es otra idea a trabajar) y que no aportan mucho más que una muestra de cómo aplicar el concepto a diferentes cuestiones. No es que no sea interesante de leer, es que no es mi objetivo ahora recopilar esto con precisión.
LO ESPELUZNANTE
Como sucedía con lo raro, lo espeluznante merecía por derecho propio ser un tipo particular de experiencia estética. Este es el core real, está conceptualizando dos tipos particulares de experiencias estéticas, que no lo diga hasta la página 75 es de agradecer pues supone al lector la agudeza intelectual de captar por donde iba. Intuyo que si se hubiese limitado a una descripción conceptual la cosa se le queda en un par de capítulos a lo sumo. Una vez más esto está escrito más como un ejercicio de critica cultural en torno a unos conceptos que se van definiendo conforme la crítica avanza más que como una conceptualización académica aséptica (si es que se puede ser aséptico en este tipo de trabajo intelectual).
Lo raro se convierte así en una presencia que no encaja y lo espeluznante en una ausencia indebida. Pero lo importante es la especulación, el enigma sobre el agente. Es interesante como al hilo de Los pájaros de Daphne du Maurier introduce el tema de la autoridad, ante lo espeluznante el ser humano reclama una autoridad. Todo esto remite también a la cuestión de la hiperobjetualidad, sería interesante volver a leerlo con esta perspectiva cuando esté trabajando sobre ella. Por lo demás sigue la inercia del capítulo anterior de poner a prueba el concepto analizando diversos productos culturales. Parece que funciona y da la cara aplicado a diferentes manifestaciones culturales, tendré que probar yo también a ver hasta donde llegan.
En definitiva, más allá de la delimitación de los conceptos y los lugares a los que señala sin profundizar en ello, no es más que una lectura interesante de un crítico cultural probando unas intuiciones. Espero leer más de él a ver si comprendo la fishermania.



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