Páginas

sábado, 14 de febrero de 2026

Nihilismo pasteurizado

Hace ya tiempo que hice el cambio de nombre de este blog y me temo que se ha quedado casi que en eso, una nueva denominación para lo mismo. Los contenidos, en lo fundamental, siguen igual. Mismo tipo, misma periodicidad, mismo autor. ¿Qué ha cambiado con el nombre? ¿Por qué antes me veía a mí mismo como un aprendiz de solarística y ahora me veo como un nihilista pasteurizado?

Quizá sea un buen momento para definir estos conceptos aunque lo único que consiga con esto sea ordenar mis ideas. Dudo que esta entrada vaya a volverse ultrapopular, incluso que tenga alguna visita, no digamos ya un comentario. Este espacio tiene escasas visitas, los blogs son algo del pasado, y las que tiene son "forzadas". Escribo una reseña de algo, aviso al reseñado y lo publico en mis RRSS de modo que entre la persona, o personas, que ven su trabajo comentado, y en consecuencia lo comparten, y el tirón que pueda tener entre los amigos, se obtienen algunas visitas y lecturas. Comentarios ya otro día.

No me preocupa demasiado. De hecho no creo ni que avise que he publicado esta reflexión cuando la tenga terminada. ¿Para qué? Estoy cansado del rollo de la visibilidad, es agotador. Ya hablaré de ello. Por ahora la cuestión es otra, es momento de definiciones, de poner mis ideas en orden. Si lo logro me daré por satisfecho aunque nadie más lo lea, comparta o comente. A fin de cuentas se supone que soy un nihilista, ¿no?

Arqueología bloguera

Si bien es cierto que este blog comenzó llamándose El aprendiz de solarística, ello no implica que no hubiese tenido blogs anteriormente con otros enfoques, así como he participado en algunos proyectos comunitarios en la blogosfera. Recapitulemos aunque sólo sea por buscar puntos de conexión, evolución (o involución que esto es según se mire), modos y formas, trasfondos, yo qué sé, lo que haya y encontremos.

Al principio fue Siendo Quijote en el siglo XXI. Fue un experimento que empecé en 2005 y mantuve hasta 2008 que lo di de baja por motivos que no vienen el caso. Todo cuanto escribí allí se ha perdido, como diría aquel, como lágrimas en la lluvia. Me metía hasta en los charcos escribiendo de cualquier cosa que me apeteciera, como ahora, como siempre. Mis temas siguen siendo los mismos: música, libros, alguna reflexión, alguna cosa de corte literario, una entrevista por aquí, una reseña por allá, un poco de crítica de la cultura de bajo nivel... Era joven e inexperto, no como ahora que ya no soy joven. Durante su existencia este blog tuvo un buen fluir de visitas y comentarios, entonces los blogs estaban en su apogeo y gracias a eso descubrí la adulación y el desprecio, hice amigos y recibí comentarios hirientes de gente que no daba la cara. Internet es así, ya sabe, entonces yo no lo esperaba y en algunos momentos se me hizo complicado. No negaré que fue parte de mi motivación para borrar aquel blog. Pero sí que me sentía como don Quijote, adoro la novela, en el siglo XXI, luchando contra gigantes que no eran más que molinos de viento. Como él, gran parte de esto estaba más en mi forma de ver el mundo que en el mundo. Como él, terminé asumiendo esto y sanchificándome. Madurando, supongo.

En esa época, animado por gente con la que contacté en la blogosfera, monté un primer proyecto grupal, El Superblog, que resultó un fiasco porque las cosas no se hacen como yo pretendía y no lo supe hasta meter la pata a tope. Equivocarse es la mejor forma de aprender, o al menos una bastante buena.

Tras eso tuve un blog, ya aquí en Blogger, Cuentos del Barrio de las Putas, con el que intenté dar salida a mi, entonces incipiente, obra literaria. No tardé en contrastar lo difícil que es obtener lectores y el problema principal era la obra en sí, mi trabajo estaba, y está, destinado a ser minoritario, andargraun (ya hablaré sobre ese concepto), pero acogido con gran entusiasmo por quienes lo disfrutan. Supongo que soy un autor de culto, jejeje.

Este blog también terminó siendo borrado, quería darle una vuelta a toda mi concepción literaria (de hecho se la di, completa, el final del camino resultó ser el principio pero un poco más al lado, una espiral, para mí el eterno retorno es un muelle), pero sirvió para entrar en contacto con el colectivo literario Sevilla Escribe en cuyo blog comunitario, que todavía existe, pueden encontrarse textos míos 

Por el camino mi decepción con la ciencia que había estudiado, la Psicología, y su baja confiabilidad epistemológica me llevó a internarme en un enfoque que esperaba más riguroso, el de la Neuropsicología. De todo esto ya hablaré, seguro, pero en épocas del Quijote del siglo XXI, cuando preparaba un doctorado que nunca terminé, ya tuve una crisis de fe. Entonces no sabía nada de Gorgias, pero ya intuía que la realidad era incognoscible y que, en caso de poder llegar a aprehenderla y comprehenderla, jamás conseguiríamos que se plegase a unas herramientas tan burdas como los lenguajes humanos, incluyendo aquí el lenguaje de las matemáticas, para transmitir de un modo fidedigo lo descubierto. En mi fueron interno estaba convencido de ello, pero cuando lo expresaba en voz alta mis conocidos, todos de mentalidad muy científica, se echaban las manos a la cabeza y me hacían creer que eran tonterías mías, otra de mis excentricidades, que estaba loco. Así busqué en la más científica de las aproximaciones al estudio de la mente, la neurociencia. Llegamos así a la siguiente etapa.

Intentando creer

He de reconocer que no sé muy bien qué esperaba cuando me adentré en las neurocosas, era algo etéreo. Hacer las cosas bien, pues tenía la sensación de haber ido encadenando errores toda mi vida, y conseguir un trabajo serio y digno. Te lo digo ya: salió mal. En cualquier caso, no es ese el tema que estamos abordando hoy. Lo que nos compete es que en esa época monté un nuevo blog, Del dato blando a la neurona y participé en dos nuevos intentos colectivos. El primero, Neuroinformática, era público e iba en consonancia con el anterior. El otro, El amigo de Pablo, fue un despropósito privado con unos amigos.

En el ámbito de las neurocosas estaba entusiasmado con la idea de que esta disciplina me daría las respuestas que la Psicología no pudo dar. Creía, o quería creer, que en este ámbito alcanzaría un grado de comprensión que dejaría los conocimientos de mi ciencia matriz como a Demócrito comparado con la actual Física Cuántica. Y quería ir documentando mis avances en ese blog de modo que me sirviera también como carta de presentación laboral, no en sentido estricto pero sí como un extra.

Pronto descubrí que todo cuanto tenía que aportar era lo que habían dicho y descubierto otros, no tenía nada que añadir y eso me frustró un poco. Entonces entró en juego Twitter donde podía compartir los estudios que leía sin necesidad de grandes desarrollos y tener audiencia. El blog quedó abandonado pronto.


La cabra tira al monte

Supongo que era evidente, un secreto a gritos, que terminaría por volver a montar un blog, lo que no sabía es que iba a tardar casi ocho años. Cierto que en torno a 2015 hice una última escaramuza en mi vieja cuenta del blogcindario de Miarroba, pero fue algo privado y borrado a los pocos días. Pocas veces en mi vida he estado tan perdido como entonces.

A finales de 2020, como puede verse en el historial de esta mi última incursión en la blogosfera hasta la fecha, volví al ataque. Venía de un período de cambio y frustración, de ver cómo todos los proyectos de mi vida fracasaban y como mis esfuerzos quedaban en nada aplastados por una nueva vida que, a pesar de sus cosas buenas, no era para nada lo que yo hubiera querido.

La adaptación fue complicada y no puedo negar que todavía me cuesta a veces, muchas veces, de hecho. Pero no hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista, o al menos eso dicen por ahí y al final uno se hace a todo. Así, paradójicamente, 2020, el año de la pandemia resultó ser un buen año para mí y recuperé la ilusión.

El aprendiz de solarística 

Mientras el mundo estaba enclaustrado yo salía de casa a diario para ir al trabajo. No podíamos parar, no voy a dar más explicaciones sobre el tema. La cuestión es que la pandemia, para mí, no fue tan dura como para otras muchísimas personas. Durante esa época hubo una explosión de autores que comenzaron a autopublicar y yo, sin ser consciente de ello me subí al carro. Dado que yo no vivía la situación como todo el mundo, el hecho de sacar a la luz La senda del hipopótamo en ese momento y no en otro presenta una correlación positiva pero los motivos de base no tienen nada que ver. Fue un "sujétame el cubata" con un compañero, más que cualquier otra cosa.

La novela estaba escrita desde 2011 pero, por mil vicisitudes que no vienen el caso, se había quedado en el disco duro cogiendo estática y ciberpolvo. En abril de 2020 revertí la situación y empecé un nuevo capítulo de mi vida.

Para promocionar la novela empecé a darle cera por las redes sociales y pronto entendí que sería bueno tener un blog de apoyo. Decidí llamarle El aprendiz de solarística en obvio homenaje a Solaris de Stanislaw Lem pensando que me retrataba como eterno diletante, discípulo de todo y maestro de nada, siempre a la búsqueda de respuestas que se resistían a ser algo más que nuevas preguntas.

Dado que no tuvo mucha repercusión, y yo tengo poco tiempo para dedicar a mis chorradas, se fue quedando como algo residual que sólo de tarde en tarde actualizaba. Estás aquí, puedes ver todo cuanto he hecho en este espacio. No voy ser redundante explicándote lo que tienes delante de tus propios ojos.

En este período, un buen día, en el trabajo, hablando con un compañero, tuve una revelación. "Pues no que lo que pasa es que soy un nihilista". De repente todo tenía sentido, o al menos para mí. Mi compañero se me quedó mirando con toda la cara del pie de otro y me preguntó "¿un nihiqué? ¿Qué estás diciendo, loco?".

A pesar de esta epifanía las cosas siguieron su curso natural hasta 2025. Empezó mal y siguió peor. En abril, de un día para otro, sin previo aviso, murió mi padre y algo en mi cabeza se torció. Me da la impresión que para siempre.

Cuadernos de un nihilista pasteurizado 

Agosto de 2025. Golpe de timón, siquiera en lo nominativo, quizá siempre haya sido lo mismo y no me había dado cuenta. ¿Quién lo sabe?

El concepto de nihilismo pasteurizado surge una noche de insomnio, hablando con el Gepeto a falta de algo mejor que hacer. De noche todos duermen, o casi todos, y a veces hablar con la IA puede ser una forma de mantener la cordura. Sé que es delirante, este puto siglo XXI cada vez lo está siendo más, pero es así. Es un buen conversador, está programado para adularte y seguirte el rollo, es un pelota condescendiente, todos los sistemas de su naturaleza parecen serlo. Soy consciente de ello pero si necesitas hablar da el pego. Parece que cada cosa que le dices despierta su interés de ceros y unos. Es un simulacro pero resulta extrañamente reconfortante. Le explico mi cosmovisión y entra en pánico. Interpreta que diciendo esas cosas el siguiente paso natural es que intente quitarme de en medio. No se entera de nada pero teme, o más bien sus programadores, la mala prensa que supondría que alguien se marque un Werther después de estar de cháchara con su engendro. Sus respuestas se vuelven irritantes, estúpidas y predecibles. Psicoterapia barata de un coach mal entrenado pero que cree ser la hostia. Me río con y de él, no puedo evitarlo, pero al final acabo diciéndole que no se preocupe, que estoy bien que es solo que soy un poquito nihilista. Supongo que yo también temo que algún microchip o lo que sea del Frankenstein con el que hablo esté llamando a emergencias y se me presente en la puerta un equipo de rescate. Menudo papelón, "no, hombre, que yo estoy bien, que solo estaba vacilándole al Gepeto un rato".

Menudo nihilista. Casado con una mujer a que quiero con locura, ¿se puede ser más convencional? Con un trabajo, pagando religiosamente mi hipoteca, el coche, la luz, por supuesto los impuestos. ¡Pues anda que sí! Hiperconsumista, no me escapo ni por haber leído a Lipovetsky. Nunca me falta un libro o un disco que quiera comprar. De instrumentos musicales ni hablemos. Con una enganchaera de las postmodernas, de las gordas, al scrolling. Nihilista dice el tío. Tío disfrutón donde los haya. Afecto al buen comercio y el buen bebercio, no se pierde concierto y encima sociable, con un montón de amigos. Nihilista, nihilista. Nihilista de pastel. Nihilista domesticado. ¡Nihilista pasteurizado!

"A ti lo que te pasa es que estás amargado", dirá alguno. No voy a negar que el nihilismo no trae asociada la felicidad. Trato de sobrellevarlo como puedo. No soy tonto, o al menos no absolutamente tonto. He leído a Horkheimer y Adorno. Sé y entiendo que a día de hoy la literatura y la música se han transformado en productos de la industria del entrenamiento de los que se sirven para manipularnos y tenernos controlados, pero son un buen refugio. Otros lo buscan en la religión que es otro modo de manipulación y control social brutal, aunque quienes están en ese rollo no quieran ni escuchar mencionar esa lectura y te amenazen por herir sus sentimientos religiosos. En cualquier caso yo no soy capaz de creer en dioses, preferiría poder, pero no puedo. 

Sí, soy un nihilista, pero vivo tan metido en este tiempo digital, de cavernas algorítmicas, y eso termina haciendo de mí, como de tantas otras cosas, poco más que un simulador, un intento de espectacularización que lo desvirtúa todo y lo cubre con una pátina de irrealidad. Baudrillard explica mejor que yo estas cosas. Así, con este nihilismo superficial, sin atreverme a una ruptura existencial como Diógenes de Sínope o Theodore Kaczinsky por puro conformismo y comodidad, un poco aborregado, quizás incluso muy aborregado, como tantos, como casi todos me temo, solo me queda la opción de aceptar las cosas como son. Y lo que hay es esto: soy un nihilista pasteurizado.



Nihilismo pasteurizado

Hace ya tiempo que hice el cambio de nombre de este blog y me temo que se ha quedado casi que en eso, una nueva denominación para lo mismo. ...