EL SILENCIO NO EXISTE
Hoy es un día especial,
solo por serlo,
por nada en particular.
Quizá por eso
he hecho las cosas
de otra manera.
Me he sentado,
con mi café,
y no he puesto la televisión,
tampoco música,
mis adorados vinilos
quedan huérfanos de aguja
en sus rincones.
Solo yo, el café y el silencio.
De repente, todo era más real.
El calor de la taza
entre mis manos,
el cálido olor de su néctar,
el frío y la humedad
azotando mis pies,
un estornudo,
el silencio y yo mismo.
La evidencia se yergue,
el silencio no existe,
la realidad suena
aunque a menudo,
tan a menudo,
cerremos nuestras puertas
a poder escucharla.
La lluvia,
repiqueando en la ventana;
un coche,
que vuela furioso calle abajo;
la estática,
el fluir de la electricidad
que alimenta las quimeras
que nos aterrorizan
haciéndonos creer
que sin ellas todo es vacío.
Vader se acerca al comedero,
su crujir al masticar
es rítmico y gozoso.
El silencio nunca será tal
mientras estén los gatos.
Este silencio lleno de sonidos,
de vida,
penetra en mí
y me equilibra.
Me devuelve al aquí,
al ahora.
Me ofrece el regalo
del sentimiento de realidad.
Y lo más real,
ya lo han dicho otros,
soy yo.
Me he observado,
una experiencia extraña.
Un retrato de mis temores
se ha presentado ante mí
y los he reconocido como tales.
El gran monstruo:
condenados a luchar y no vencer.
No somos nada
el uno sin el otro.
Victorias dolorosas.
Cada una, una derrota.
Toda una historia de ellas
que es la mía propia.
Lecter y Henrylee
están otra vez de jarana,
es lo suyo,
dos gatitos chicos,
aunque uno ya no lo sea,
siempre jugando,
siempre a la gresca.
Un caos controlado,
me enfrenta a mi historia
que ahora se me antoja
más apasionante
que cualquier zarandaja
de los émulos de la realidad.
Mi guerra con el monstruo
es el juego de mis gatos.
Nunca termina,
se bufan,
se muerden,
se persiguen,
se amenazan,
se abrazan,
se lavan,
comparten la comida
y duermen juntos
porque hace mucho frío.
La mirada serena de Mika,
acurrucada en un cojín,
contagia la mía,
me concede ataraxia,
me reconcilio,
sin buscarlo,
conmigo mismo
y el alivio,
el instante de gozo,
vale mil vidas huyendo.
El silencio no existe,
es la vía a todo lo real.