Empezar esta nueva etapa analizando un libro cuyo titulo es una declaración patente de nihilismo. No es un nihilismo radical, no se adentra en la deconstrucción de los propios términos que utiliza para adentrarse en la nada y la desesperación más absoluta, pero pone en duda toda la posibilidad de sociedades que reposen sobre escalas de valores pues, al ser imposible la inocencia, es absurdo señalar a los culpables. Todo ser existente será culpable de aquello que esté a su alcance perpetrar pues por su propia naturaleza incurrirá en la falta, ¿cómo se puede hacer a alguien responsable de hacer lo que está en su propia naturaleza hacer? Es un pensamiento terrible, pero ciertamente no muy alejado de la realidad. Es por ello que la humanidad lleva milenios pergeñando leyes, sistemas morales y religiones que traten de atar en corto esta tendencia para hacer sobrellevable la vida, dado que esta tiende a ser vivida en grupo. Una vez establecidos esos códigos, que pueden ser medianamente seguidos por el vulgo, se puede crear una sociedad en la que la existencia esté más o menos garantizada (sí, ya sabemos que tararí que te vi, pero la idea que subyace es esa, luego vienen los que pueden no ser inocentes a aprovecharse de ella y empieza el baile, pero esa es otra cuestión). En ese sistema, romper con el código desencadena el horror y de algunos de esos horrores, de los de la guerra, de las dos Guerras Mundiales a las que nos vimos abocados el siglo pasado, es de lo que nos va a hablar este libro de Arcadio Rodríguez Tocino.
Sería una tentación entrar a desgranar relato a relato el contenido del libro, pero no creo que sea la mejor forma de enfocar esta reflexión pues, con ello, privaría al lector del placer del descubrimiento desde cero que debe acompañar a toda lectura. Sin embargo, sí hay cosas que estimo necesarias poner sobre la mesa y para ello debo remontarme a un pueblo de Sevilla, Utrera, y finales de los años ochenta. Allí y entonces, ¿quién lo hubiese sospechado?, nacía un grupo que sería pionero del death metal en España. Estamos hablando, por si alguien no lo ha pillado todavía, de Necrophiliac. Para quienes, como un servidor, crecimos en Sevilla, amando y tratando de tocar metal extremo desde principios de los 90, Necrophiliac eran mucho más que una influencia o un grupo que nos gustase, eran el faro que nos guiaba. No puedo dejar de mencionar otros monstruos de la escena como Lightning, Infestus, Excreted Alive o Mawkish Ingestion, pero todos ellos se miraban en los de utrera igualmente, ellos abrieron el camino. Y de qué manera.
Chaopula, Citadel of Mirrors fue el resultado de aquella primera etapa que, en 1995, terminó. España no es país para el death metal, y el sur menos todavía. El hecho de que el género haya persistido vivo aquí es digno de estudio, quizá otro día lo afrontemos. A partir de ese momento, y durante veintisiete años, Necrophiliac se convirtieron en leyenda, en grupo de culto absoluto. Y, como suele suceder tarde o temprano, se produjo la reunión. Comenzó con un rumor, alguien diciendo que iban a tocar en no sé dónde, que estaban pensando en grabar y lo iban a sacar con el Rotten (me refiero Dave Rotten, cantante de Avulsed y capo máximo de Xtreem Music, para los despistados). Al final se materializó en un buen número de conciertos memorables, tanto aquí como en otros puntos de España, y un disco sólido como el mármol en el que demostraban que lo de entonces no fue un golpe de suerte. No living man is innocent, otra forma diferente de decir lo mismo que el título que encabeza estas líneas o el del libro de Arcadio que es el eje, o quizá no tanto, en torno al que nos reunimos: No hay inocentes entre los vivos.
El último de esos conciertos, al menos que yo tenga constancia, fue aquí, el 23 de Noviembre de 2025, junto a Avulsed, Unbounded Terror, Obscure y los recién llegados Hellhounds, firmaron una noche inolvidable. Tras la soberbia actuación de Necrophiliac, donde se cascaron el Chaopula de la pe a la pa, además de otros temas, pude hablar con Bongo, vocalista de la banda, y pillarle este libro de Arcadio que, como ya sabrás o habrás empezado a sospechar a poco que poseas un mínimo de sagacidad, está muy relacionado con el disco. Los textos de No living man is innocent están basados en las lecturas del vocalista a lo largo de años sobre hechos que no han pasado a la gran historia pero que se produjeron al amparo de las guerras. Un contexto que permite que lo peor que anida dentro de cada uno de nosotros se desboque sin consecuencias previsibles. Y de lo malo, lo peor. Pocos temas mejores para un disco de death metal del más auténtico que se pueda escuchar.
Una charla sobre música y literatura al amparo de sendos libros, el otro era uno mío, tras un concierto de Necrophiliac es todo un lujazo. Ahí me enteré, por boca de su autor, que los textos de Chaopula estuvieron influenciados por la lectura de Borges. Todo un tema que me encantaría que me contase con más detenimiento la próxima vez que coincidamos, porque el que tomó el foco de nuestra atención fue el libro de Arcadio. Tampoco es un contexto en el que se puedan tener conversaciones largas y profundas con todo el mundo queriendo saludar, hacerse una foto y ese tipo de cosas, con mi interlocutor. A pesar de ello le dio tiempo a explicarme que no se quedó satisfecho con lo que había plasmado en el disco, que había mucha más tela que cortar y que le hubiese gustado escribir un libro de relatos donde volcar todo cuanto se le había quedado en el tintero. Como no se sentía capaz de hacerlo él mismo, cosa que termino de entender, no creo que hubiese tenido problema en hacer un buen trabajo de haberse puesto a ello, buscó a alguien que se acoplase al proyecto y ese alguien fue Arcadio Rodríguez Tocino.
Arcadio es un reconocido escritor dentro de la comunidad del metal por su trabajo en múltiples medios musicales y su prolífica obra literaria, parte de la cual ha orientado al género bélico con notable solvencia. Era, sin lugar a dudas, el candidato ideal para lo que planeaba Bongo. El resultado quedó palpable y se vino conmigo a casa esa noche.
El libro se compone de once relatos, más un prólogo y un epílogo, que abordan hechos que sucedieron al amparo de la realidad atroz que propiciaron los conflictos referidos. No hay una intención moralizante, no te da las pistas de lo que tienes que pensar o sentir, aunque es muy obvio porque las situaciones que narra no dejan lugar a dudas. El hombre es un lobo para el hombre y los mayores lobos han empleado todos sus recursos y talentos durante siglos para transformar a los demás en corderos, con mayor o menor acierto. Cuando el fulcro se sale del punto medio los pequeños lobos, que pasaban desapercibidos bajo pieles de cordero, enseñan los dientes y, a poco que les es posible, muerden. Pero esta realidad, terrible, ya la sabíamos todos, ¿no? Aún así, merece la pena sumergirse en la obra de Arcadio y bucear en algunas de las peores cosas que ha podido llegar a vivir y perpetrar el ser humano. Nunca pierdas de vista que tu vecino, o tú mismo, podría llegar a un punto semejante si la balanza se pusiera de su parte. Ningún ser vivo es inocente, ya se lo decía Paul Newman a Tom Hanks en Camino a la perdición: None of us will see heaven.
No hay mucho más que decir sin desvelar lo que debe ser leído sobre el papel. No encontraba mejor forma de empezar esta nueva etapa orientada al nihilismo que hablando de este curioso tándem creado por Necrophiliac y Arcadio Rodríguez Tocino. Gracias por su atención, espero que disfruten de la música y la lectura. Recuerden no creer en nada y menos de aquello que dicen quienes quieren venderles algo, esto es: todo el mundo. No hay inocentes entre los vivos.


